miércoles, 24 de agosto de 2011

CONTIGO HASTA LA MUERTE (INTRODUCCIÓN)


Aquella mujer temblaba de aquella manera, que no pude por menos que preguntarle qué le sucedía, aunque yo lo sé todo de ella, pero quería que me mirase a los ojos.
Allí estaba envuelta en una toalla sentada en el bordillo de la acera, con el pelo chorreándole por la espalda a unos 40 grados al sol. Parecía ausente. Sus pies descalzos no parecieran causar los estragos del calor,  totalmente indiferentes, al igual que sus ojos que perdidos en el infinito, parecieran dos pupilas de muñeca llorona, pero éstos sin derramar una sola lágrima......perdidos no sé dónde. Bueno, sí lo sé, yo lo sé todo.
Diría que se encontraba en éxtasis, aunque su cuerpo respondía a señales externas ya que no dejaba de tiritar, y a veces , se quedaba totalmente inmóvil, ida, fuera de sí.
Lo que sí es cierto, es que su alma no se encontraba allí, sino a escasos metros de la víctima que yacía flotante en aquellas turbias aguas de sal y algas.

Yo lo sé, lo sé todo, es más, sabía lo que iba a ocurrir, pero a mi pesar, debía mantenerme al márgen, no tengo autorización y desgraciadamente mi dependencia es tal, que vivo atada de pies y  manos a quién me posee. No tengo libertad, soy prisionera , a pesar de que mi comportamiento es el correcto, prisionera hasta la muerte. No tengo derechos. Sí , todos me temen, todos me huyen , lo reconozco y contradictoriamente tengo que decir en mi defensa, que soy la más inteligente, la que podría hacer que por fin floreciese el cambio esperado que la humanidad en el fondo necesita y quiere, la que tiene el poder de cambiar las actitudes humanas en un abrir y cerrar de ojos, la que podría borrar de un plumazo los 7 pecados capitales. La que acabaría con la hambruna, con las guerras............. no me quiero extender más, pero sí, SOY LA VOZ DE LA CONCIENCIA.
 Pero sin embargo, soy esclava de una mente que aun teniendo el privilegio de poseerme, no se digna a preguntarme jamás,  le cuesta pedirme ayuda y daría la vida porque alguna vez esta mente enferma que me ha tocado de compañera, se dignase tan solo por una vez, a prestarme atención, a dejarme hablar, a desahogar mis sentimientos, que también los tengo y así por fin respirar una bocanada de sensatez.
El poder de la mente es absoluto, y yo, la conciencia, soy un mero instrumento que mueven a su antojo, pero que cuando emerjo de las profundidades, o bien puedo hacer milagros, o bien emerjo para morir con ella.
Como os iba diciendo, aquella mujer que tiritaba a extremos inimaginables, era mi otro yo,  la dueña y señora de mis desdichas, la que me tenía miedo, la que no me escuchaba nunca. Yo soy consciente de que lo intenté. La conocía mejor que nadie, e incluso la amaba, pero DEMEGRES MONTEJANO MIGUEL, nunca hizo caso de mis consejos, hasta su nombre la delataba rarita: DEMEGRES.


Os contaré cómo empezó todo.


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